domingo, 1 de septiembre de 2013

¿De qué sirven?

Iba yo en la línea 2 del Metro de la Ciudad de México, un día 28 de cualquier mes.  Acá en México, los días 28 de cada mes se festeja a "San Juditas" (San Judas Tadeo),  "el santo de las causas difíciles y desesperadas".  En alguna estación, se subió un grupo de jóvenes de diversas edades, probablemente familiares o amigos, portando playeras, estampas y efigies (algunas casi de tamaño natural) del mencionado santo (ese que, en la iconografía popular, viste de túnica verde y tiene una "flamita" en la cabeza).  Iban camino a la estación "Hidalgo" donde se encuentra el templo o "santuario" del mencionado santo. La mayoría venían riendo, jugando entre ellos, alburéandose, en la actitud común de los jóvenes.  

Con ellos venía un jovencito, casi un niño, al cual no le calcularía más de 12 o 13 años.  A diferencia de los demás, éste joven se veía serio y tranquilo.  Se sentó hasta atrás del vagón, recargado en la pared.  Llevaba la mano en la barbilla, y de primera impresión, podría creerse que venía pensando o meditando algo importante, cual "Pensador" de Rodin.  Una observación mas cuidadosa hacía notar que en la mano bajo la barbilla traía una "mona" (estopa o trapo con algún solvente) que venía inhalando.  No se si su mirada perdida nos observaba a nosotros, a sus amigos, o ya estaba tan perdida en los efectos del "thinner" que simplemente ya no observaba nada.

Y fue entonces cuando me surgieron varias preguntas:

¿De qué sirve la famosa "guerra contra las drogas", si cualquier niño de 12 años puede conseguir un solvente e irlo inhalando en el Metro?

¿De qué sirven sus amigos y familia que permiten que su amigo o familiar (primo, hermano) venga destruyéndose el cerebro de la peor manera?  Y me pregunto si no sólo lo permiten, sino que alguno de ellos, ya mayor, ¿fue el que le consiguió el "chemo"?

¿De que sirve su religión (recuerden que iban camino a un templo) que no los puede mantener alejados de una de las drogas mas peligrosas?

¿Y de que servimos nosotros, como sociedad, que estamos permitiendo -¿o quizá provocando?- que los niños empiecen a destruirse a tan temprana edad?

(Nota: La foto NO es del niño que vi en el metro.  Es una foto tomada de Internet)





lunes, 20 de mayo de 2013

¿El único camino?

La semana pasada estaba en mi autito, "circulando" (pues mas bien estábamos detenidos) por Av. Ejército Nacional en dirección al Periférico (en la Ciudad de México D.F.), con el propósito de cruzar el Periférico y circular hacia el sur.

El tráfico era un desorden total.  Algunos nos quedamos en la fila intentando avanzar, mientras que muchos otros, circulando por la avenida en sentido contrario (invadiendo los carriles del otro sentido), o dándose la vuelta en U (prohibida) o pasándose el alto, lograron avanzar.

De repente, observé que esto era una analogía, un reflejo de lo que (tristemente) sucede en México: Los que violan la ley, los "gandallas" son los que pueden avanzar, mientras que los que obedientemente seguimos las reglas, obedecemos las leyes, nos quedamos atorados.

A veces pareciera que la única forma de avanzar en este país es haciendo trampa, siendo gandalla, pisoteando a los demás.

¿No les ha parecido así? ¿Es éste -el gandallismo- el único camino para avanzar?